
A veces, cuando voy a escribir no se me ocurre nada, y es curioso, porque cuando comento en otros blogs me brotan las ideas a borbotones. Debe ser porque tengo un carácter refractario, porque engarzo las sensaciones de otro y me sumerjo en burbujas de sensaciones, y cúal orilla de cualquier playa que viene y va, me inspiro embotellando palabras en el almacén de mi arena.
Son huellas todas las pisadas que detienen el tiempo cuando quiero nadar y no nado.
Son faros de antorchas huecas que delimitan mi horizonte de cristal cuando espero saltar y no salto.
Son nieblas de puertos abordados que anclan mi nostalgia en letra mayúscula cuando siento sentir y no siento.
No es nada.
Son suspiros que siempre acaban siendo resguardados por tu viento; son tatuajes que difuminan la estela que una vez sentí creer en mi espalda; son huecos del alma que sólo pretenden ascender por tu fachada sin barniz, y por mi miedo de escaladora sin amarras.
Es la Antesala de la Primavera y la Melancolía en pie de guerra.
No tiene la más mínima importancia.

Yo no necesito tiempo para saber cómo eres:
Conocerse es el relámpago.
¿Quién te va a ti a conocer en lo que callas,
o en esas palabras con que lo callas?
El que te busque en la vida que estás viviendo,
no sabe mas que alusiones de ti,
pretextos donde te escondes.
Ir siguiéndote hacia atrás en lo que tú has hecho,
antes, sumar acción con sonrisa,
años con nombres, será ir perdiéndote.
Yo no.
Te conocí en la tormenta.
Te conocí, repentina,
en ese desgarramiento brutal de tiniebla y luz,
donde se revela el fondo que escapa al día y la noche.
Te vi, me has visto, y ahora, desnuda ya del equívoco,
de la historia, del pasado, tú,
amazona en la centella,
palpitante de recién llegada sin esperarte,
eres tan antigua mía,
te conozco tan de tiempo,
que en tu amor cierro los ojos,
y camino sin errar, a ciegas,
sin pedir nada a esa luz lenta
y segura con que se conocen letras
y formas y se echan cuentas
y se cree que se ve quién eres tú, Mi Invisible.
Pedro Salinas








