"El lugar donde más florece el optimismo es en los asilos de lunáticos". Havelock Ellis
"Pues yo preferíria ser un optimista loco que un pesimista cuerdo". Albert Einstein

martes, 30 de junio de 2009

¿Quieres mirar la lavadora conmigo?






Subo algunas días, cuando está cayendo la tarde despacio, cómo sólo sabe hacerlo pausadamente el que no teme al tiempo, a la terraza comunitaria de mi bloque. Me gusta ir ya que nunca va nadie, exceptuando a Lucas, el vecino del 1º C.
Y sobre todo me gusta ir, porque hay un giro de 180 grados de vistas superpuestas como prismas cristalinos que la nieve permite entrever cuando empieza a derretirse y ofrece tonos múltiples y variados, tan variopintos a esa hora del día, que me siento como la que vuela. Si. La del Lado Oscuro.

Tan sólo tengo que subir unos escalones, y ya estoy en mi paraíso particular, siendo la dueña de la ciudad perdida y tan llorada, y eso, subiendo sólo 11 escalones.

Me siento con los brazos entrelazados entre mis piernas, y la barbilla apoyada en las rodillas, a esperar que llegue Lucas.

Él sube con un tenderete de quita y pon -uno de esos plegables- y siempre tiende sólo los tangas de su mujer. La mayoría son rojos y los únicos estampados son de leopardo.
Lucas
- en realidad se llama José Manuel, pero lo llamo así porque se parece al novio de la Nancy- habla poco. Cuando quiere enfatizar su opinión es únicamente cuando deja de estar pendiente de la colada, para mirarme a los ojos y es entonces cuando sentencia. Porque Lucas sentencia, no opina.

-Lucas: ¿Crees en el amor verdadero?
Me responde con un rotundo NO.

-¿Y tú? me pregunta cuando ha colocado la última pinza de color rosa, en el último tanga de leopardo.


-Hoy no te voy a contestar...


Te quiero porque creo que entiendes como soy

Te quiero porque a ti te puedo contar lo que a nadie le puedo contar.

Porque puedo sentir que mi vida a tu lado cobrará sentido y dejará de ser vacía.

Te quiero porque me preguntaste cuantos años tenía cuando murió mi padre, y eso nadie me lo había preguntado jamas.

Te quiero tanto que me gustaría...




martes, 2 de junio de 2009

Lo Esencial no es visible




Para llegar a la verdad hay que trascender la apariencia, y hay demasiado ruido, hay demasiadas voces y muy pocos ecos, demasiadas pocas camisetas sudadas y ambiente descafeinado.

¿Lo Esencial es invisible a los ojos?

Tengo una duda:
¿Alguien sabe que es lo Esencial?

*Crítica de la película que más se asemeja a lo que quería expresar








Todo lo que no ves, depende de lo que crees ver






Después de Aqui y Ahora






La Casualidad no es fruto sino de la insistencia, y es el Azar quién
siempre encuentra una excusa para buscar nuevas Causalidades







Imagen buzillo


jueves, 28 de mayo de 2009

Respecto a la Osadía de lo inconcebible como posibilidad
















Romanticflower


El valor del Tiempo consiste en conocer la incertidumbre del porvenir.
Es entonces cuando percibimos que la tierra siempre estuvo mojada,
no bajo, ni siquiera entre, tras nuestros pies.





lunes, 18 de mayo de 2009

Everybody's changing. Por una mirada



Vi a Rose Mary sentada en un trozo de bloque de cemento, en pijama y con el móvil en la mano.

Me dijo que al ir a tirar la basura el viento había cerrado la puerta de su casa y había olvidado las llaves dentro. Curioso -pensé- salir sin llaves y con móvil.
Le pregunté a qué hora vendrían a despedirse de nosotros, Mario y ella. A las nueve, me contestó.
Mientras me disponía a seguir mi trayecto, la amplia avenida que serpentea lánguida al mediodía, con el sol dándome de lleno en la cara, decidí hacer tiempo para no estar en mi casa a las 21 horas.
No. No me gustan las despedidas. Crecer es aprender a despedirse, como diría aquél sombrón.
Y yo, aprendo, aprendo a saber aquello que me beneficia de aquello otro que, aunque sea lo correcto, no lo hago si la bola en la garganta se convierte en intragable.

Horas más tarde, estaba con dos amigas tomando un zumo en un bar y hablando por los codos, de tal forma que no lo vi entrar.
El camarero se nos acercó. Nos dijo que teníamos la ronda pagada.
Carmen miró hacía la barra y saludó a su vecino, dando por hecho que había sido él quién nos había invitado.
Miré y vi a un tipo que me recordó a Jota. Nos daba la espalda y de vez en cuando giraba su cabeza de derecha a izquierda, conversando con otros dos.
Si es Jota, es un Jota que se ha tragado a otro Jota. Vamos, que es un Jota dos por dos, pensé.
Y en el caso que fuera -como lo conozco- ya estaría en nuestra mesa, haciéndose con la conversación y siendo el centro de atención, como siempre. Algunos no cambian.

Mis peores presagios no tardaron en cumplirse. Un momento más tarde, ya tenía a Jota arrasando como un torbellino de fuerza, invadiendo mi espacio como una plaga de energía letal de la que es imposible sentirse inmune.

Jota se sienta a mi derecha -sin que lo hayamos invitado- y empieza a hablar y a hablar; entre otras muchas cosas me cuenta que ha engordado debido a un problema de tiroides.
Si, pienso para mis adentros, debe ser eso, ya que no es una gordura normal, es más bien como si estuviera hinchado, pero también pienso que puede ser debido a las siete cañas que se está metiendo entre pecho y espalda en menos de media hora.

Jota y yo nos parecemos, ambos somos impetuosos, naturales, conversadores, espontáneos, pillos y muy jóvenes. Da igual que hayan pasado tantos años desde que fuimos ¿novios? Nunca fuimos novios. Seguimos igual que siempre. ¡Dios! ¡Que cruz! Nada ha cambiado. Nada. Cada vez que nos vemos, pasen tres años, o siete, siempre es como si nos hubiéramos visto la tarde anterior, cuando me esperaba en las escaleras del jardín de mi casa, y antes de que me diera cuenta, ya tenía la lengua metida hasta el gaznate y las manos -siempre he pensado que las suyas se multiplicaban por 10- desabrochándome el sujetador.

Jota conseguía crear un universo paralelo, propio y único, una abstracción de sobeteos sometidos a la magia de nuestra química, de nuestras miradas...
para todo aquello que termina y nunca acaba, diría tf.

Tengo Rayuela hace tiempo. Confieso que no lo he leído. Imagino a una maga bajando por la Avenida que serpentea, y que corre, corre mucho. Como siempre llega tarde al autobús. Lleva un abrigo azul-azafata desabrochado a modo de capa, como un personaje de ciencia ficción. Encima de un andamio, Jota, ríe a carcajadas. Son las 7.57 y la loca de B, va como una bala mientras lo saluda con la mano:
¡Corre, corre, más rápido! ¡Hoy lo pierdes, seguro que hoy lo pierdes!.

No. Nunca lo perdí. Y sí, cada mañana Jota y yo nos reíamos un rato, a consecuencia de mi nulo sentido del ridículo. Siempre he pensado que Jota se enamoró una de esas mañanas de la chica que bajaba la Avenida como un rayo, rauda y veloz, tirando folios y bolis bic por el camino, mientras él, comenzaba la jornada laboral con buen humor, observando a aquella loquilla impuntual y con melena al viento.


Vuelve a hacerlo. Lo ha vuelto a hacer. Ha vuelto a mirarme como sólo él sabe hacerlo. Es una mirada de soslayo, medio de reojo. Empieza mirándome a los ojos, baja un poco hasta la cintura y retorna al punto de origen, fijando con sus ojos en los mios, toda la fuerza del universo, y como de costumbre ante la acción, mi reacción. Noto que mis ojos se convierten en esferas que desprenden lucecitas de colores, faros que iluminan la estancia, noto que mi sonrisa se expande como el Canal de Suez. Se me pone cara de gilipollas y voz de ñoña. Y sobre todo, siento alegría, felicidad, con una sola de sus miradas.

-Todavía te brillan los ojos. Me suelta de sopetón delante de todos, y con su peculiar tono susurrante.
Este tío siempre cree que estamos solos. Olvida su condición de casado, le importa un carajo el resto del mundo. Se centra en nuestras miradas y sonrisas y el mundo se para. El mundo se para y sólo existe la chica del abrigo azul-azafata y el granuja guapetón subido encima del andamio sonriéndole y deseando que acabe la jornada para esperarla en su jardín.


Son las siete de la mañana. Alguien toca al timbre en repetidas ocasiones. En mi casa solo estamos mi padre y yo. Abre la puerta y es Mario. Ya se despidió a las 21 horas. Yo no estaba. Está borracho, ha estado toda la noche bebiendo, cinco años en España y muchas vivencias, no le han permitido dormir. La añoranza acude antes de tiempo a su mente.

Va a perder el autobús. Vuelve con Rose Mary a Bolivia, en unos minutos.
Oigo como abraza a mi padre una y mil veces y le dice que lo ama, que es su papá español.
-¡Yo a usted lo amo! ¡Lo amo!
Está emocionado, no para de repetir que ama a mi padre y, que volverá a cuidarlo algún día.
Mario habla quechua, es indio de la selva, y supongo que su código de honor y lealtad es diferente o superior al nuestro. Sé que Mario volverá.
No salgo de la habitación. Demasiadas emociones en tan poco tiempo.
¿No creen?


"...Mi aire se acaba como agua en el desierto,
mi vida se acorta pues no te llevo dentro.
Mi esperanza de vivir eres tú, y no estoy allí..."

Mario Benedetti
In Memoriam





viernes, 24 de abril de 2009

Estoy disponible pero no hablo


























David Ho




...Y seguir implicaba parar.
Y parando... Sucede.
Sucede seguir su cese.
Cesa el recorrido al arbitrio de comienzos.
Finales que no son más que paradas de metro.
Comienzos que vuelven sus ojos inalienables
a la prístina palma que hallara en el regreso
de su final, no vuelta.
No vuelto el albor,
huelga decir: ¡Sólo hay momentos!.



Estaré ausente de mi blog, no así de los vuestros.
No está disponible la opción a comentarios, ya que sé
lo que me váis a decir...¡ y yo también os quiero!