
«Sólo vive quien mira
siempre ante sí los ojos de su aurora,
solo vive quien besa
aquel cuerpo de ángel que el amor levantara»
Cernuda
Sé que cuando recibas ésta ya no estaré a tu lado. Me habré ido de ti y de mí. Me habré ido de la vida. Tú fuiste la vida para mí en los instantes en que me mostraste que Pedro Salinas existía y que Cernuda era importante. En esa vida, juntos, un instante, me hiciste sentir persona y descubrirme como persona.
Estaba inmerso en la concha de un caracol mirando el negro sinfín, oyendo el mar, como un silencio que va y viene. Hoy, que ya no estoy, tengo la resaca horrible de haberte dejado, sabiendo que nunca estuviste a mi lado, mientras jugamos a estarlo siempre.
Han sido muchos años, muchos, para que esta separación de lo inexistente sea fácil. Tú tienes tu otra vida, lo supe desde el inicio.
Él estuvo allí como la competencia improbable. Con él compartiste la salud, la literatura, el café, pero conmigo compartiste la ternura. Sé que no tengo cómo ganar aunque ya haya perdido, pero es imposible perder lo nunca tenido.
Pensar que lo tuve entre mis brazos y ahora no lo tengo, es tan corto el amor y tan largo... pero tan largo... el recuerdo. Entre nosotros no hay olvido posible. Me he ido, sí, y seguramente me estarás extrañando igual que yo a ti, pero compréndeme que no podía más.
Mi razón prima, no obstante este amor que te tuve siempre y te sigo teniendo.
Estoy muerto de la pena por quererte y saber que me quieres pero que no puedes remediar ser quien eres de la forma en que lo eres. No te odio, aunque solo se odie lo querido. Posiblemente no seas consciente que lo nuestro, más allá de un amor de una eternidad, fue una vida juntos pero siempre separados por todos los obstáculos que ingresaron en la relación. Tu carrera, tus amigos, tus investigaciones, tu prestigio.
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