"El lugar donde más florece el optimismo es en los asilos de lunáticos". Havelock Ellis
"Pues yo preferíria ser un optimista loco que un pesimista cuerdo". Albert Einstein
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viernes, 2 de mayo de 2014

Somos aquello que pensamos

Soy Feliz
Soy Feliz
Soy Feliz
Soy Feliz
Soy Feliz
Soy Feliz
Soy Feliz
Soy Feliz
Soy Feliz
Soy Feliz
Soy Feliz


martes, 9 de noviembre de 2010

Colisión








Imagen Lanwu


¿Podrá ser etiquetado el Amor??
¿Es posible establecer códigos morales para el sentimiento?

¿Alguien sabe?

Estoy en época de preguntas y no de respuestas y además me encanta que así sea.
Paty diría: "Hasta los más valientes temen al dolor"
El dolor es inevitable pero el sufrimiento es opcional.

¿Alguien sabe algo de algo?

Para llegar a la Verdad hay que trascender lo Aparente.
Tampoco sé qué es la Verdad. Hace tanto tiempo que no sé nada...

Es curioso, vuelvo de ¿causalidad? a leer esta poesía (ya la había enlazado hace más de un año):

La voz a ti debida (Versos 388 a 424) - Pedro Salinas

Yo no necesito tiempo
para saber cómo eres:
conocerse es el Relámpago.
¿Quién te va a ti a conocer
en lo que callas, o en esas
palabras con que lo callas?
El que te busque en la vida
que estás viviendo, no sabe
mas que alusiones de ti,
Pretextos donde te escondes.
Ir siguiéndote hacia atrás
en lo que tú has hecho, antes,
sumar acción con sonrisa,
años con nombres, será
ir perdiéndote. Yo no.
Te conocí en la tormenta.
Te conocí, repentina,
en ese desgarramiento
brutal de tiniebla y luz,
donde se revela el fondo
que escapa al día y la noche.
Te vi, me has visto, y ahora,
desnuda ya del equívoco,
de la historia, del pasado,
tú, Amazona en la centella,
palpitante de recién
llegada sin esperarte,
eres tan antigua mía,
te conozco tan de tiempo,
que en tu amor cierro los ojos,
y camino sin errar,
a ciegas, sin pedir nada
a esa luz lenta y segura
con que se conocen letras
y formas y se echan cuentas
y se cree que se ve
quién eres tú, Mi Invisible.

Neutron Star Collision



viernes, 1 de octubre de 2010

¿Hay alguien a bordo?





¡Hola tropa!!

¡Cuánto tiempo sin pasar por aquí!
Quizás ya no haya nadie, me lo merezco si es así.
Pero ¿sabéis?
Hoy tenía necesidad de venir a mi barco, a mi rincón de los secretos,

donde tanto hemos compartido,
tanto en éste velero como en otros.
Tenía la necesidad de
retomar el timón
y soplar destinos en busca siempre de nuestros sueños,
y no, no desistiremos, porque somos una tropa, sí señor,
y por eso he vuelto:


domingo, 7 de marzo de 2010

Hacer no Haciendo





El acceso a toda fuente de conocimiento
es obtenida gracias a un gran valor:






¡La Ignorancia!






Imagen google

jueves, 25 de febrero de 2010

Adiós-cremallera Adiós-cremallera...



Hace tiempo, cuando contaba con unos 9, 10 años a lo sumo, una noche estábamos en la salita de mi casa, mi padre, mi madre y yo viendo la tele antes de ir a dormir.

Estaba comiendo patatas fritas de bolsa y al terminar la dejé encima de la mesa camilla.
Al abrirse la puerta, un minúsculo golpe de viento la arrojó al suelo y cuando iba a levantarme a recogerla pasó algo sospechoso.
Justo en el momento en que iba a incorporarme -ya empezaba a asir los brazos del sillón y mis posaderas se encontraban en tensión en el aire-, quedé alucinada al contemplar como la bolsa vacia de patatas fritas se movía sola, parecía como resoplar, ya se inflaba, ya se desinflaba, incluso me pareció escuchar un pequeño "gorgejeo" que provenía del interior de dicho envoltorio.

Volví a sentarme en el sillón, y empecé a observarla con detenimiento. Cuando retiraba la mirada, el sinuoso traqueteo parecía ralentizarse, al volver a posar mis ojos en ella, el meneillo continuaba.

Mi expectación iba en aumento. Me mantenía callada y atenta, ajena al televisor y a la conversación de mis padres. Hallábame enfrascada en mis recientes descubiertos poderes mentales.
Mis padres -acababa de llegar a esa conclusión- no habían tenido una niña normal, imaginativa y juguetona, según ellos. ¡Ilusos! ¡Mis padres habían tenido una niña de otro planeta, de Ganímedes, con poderes mentales tales que podía mover objetos con la fuerza de su mirada!

Seguía atónita y empecé a hacer cábalas. Si el Uri ese podía mover cucharillas de café con la mirada, yo podía hacerlo con las bolsas de patatas fritas Matutano y sin darme la mayor importancia. Me haría famosa, me llevarían a la tele, conocería a Espinete, y a la Bruja Avería, mi nombre sería conocido como la niña con poderes mágicos capaz de desbancar a Petete y su libro repleto de sabiduría. Estaba feliz, contenta, pletórica, una euforia desconocida hasta entonces me embargaba, se había apoderado de mí... hasta que..

Un grito súbito consiguió hacerme volver a la realidad:
¡Un ratón! ¡Un ratón! ¡Un ratón en la pantalla de la tele!

En efecto, un ratoncillo se resbalaba, o mejor dicho se columpiaba alegremente por la pantalla de nuestro televisor, haciendo malabares y escondiéndose detrás según fuera su gusto.
Me puse de pie encima del sillón y empecé a dar brincos: ¡Ay, ay, ay, un ratón, un ratón!
Mi bolsa ahora no se movía, mis ojos iban desde ella hasta el palo de la fregona con el que intentaban arrastrar al intruso a escobazos fuera de nuestro campo de visión.

¡Mierda! No tenía poderes, ni iba a conocer en persona el Barrio Sésamo, y lo que era mucho peor, era terrícola y no un ser proveniente de otra galaxia. El ratoncito era el que roía las migajas de patatas sobradas de mi bolsa. ¡Mi gozo en un pozo!

No sé que fue del ratoncillo, en ocasiones he pensado en esa anécdota sin poder reprimir una media sonrisa ante mi inocencia infantil...... Hasta ahora.
Hasta que he leído Firmin de Sam Savage, y no ha sido hasta años más tarde que he sabido que el ratoncillo de mis patatas fritas, pretendia llamar mi atención, levantando las garras traseras y mientras hacía piruetas en la pantalla del televisor me decía aquello de:

¡Adiós cremallera Adiós cremallera Adiós cremallera!


miércoles, 16 de diciembre de 2009

Querer es Poder






Dicen que la esperanza es el último recurso de los débiles. No lo creo.

Puedes si Piensas que Puedes, es el mensaje de un libro de autoayuda (que no he leído) y me ha gustado la frase porque según mi experiencia, todas y cada una de las barreras están en nuestra mente. Todas aquellas que nos forjamos a lo largo de los años porque así nos hicieron creer que somos, para tenernos bajo control, para que no volemos, para ser demasiado exigentes con nosotros mismos, para no perdonarnos nuestros defectos, para ser nuestro máximo verdugo, nuestro peor enemigo.

Nunca he creído en aquellas personas perfeccionistas, de conductas ejemplarizantes, que jamás desvían el camino recto, que no se permiten cometer excesos, locuras, dejarse llevar por impulsos, arrogantes al fin de cuentas. Me gustan las personas que se equivocan, que cometen errores, que los reconocen, que empiezan una y otra vez, que, aunque importándoles elquedirán, actúan en consonancia con sus creencias, que escuchan a los demás y no por ello se dejan convencer, que observan y dan las oportunidades justas antes que sentirse agredidos. Creo que es fundamental perdonarse a uno mismo, y no dejar, no permitir que nos hagan daño. No hay que desear tan solo, hay que QUERER y no dejar jamás de confiar en nosotros mismos.


Tan sólo hay alguien que te separa de tus objetivos y ese alguien eres Tú.


Tú tienes una Ventaja:
¡Cuánto mayor es la Prueba, más grande es el Triunfo!


Imagen google




El Circo de la Mariposa (2ª parte)



Mafy y yo os deseamos Felices Fiestas y que todos vuestros proyectos factibles sean llevados a cabo, intentarlo ya es un triunfo, y en caso de no conseguirlos, seguro que algo aprenderemos en el intento.

¡Sed Felices!


viernes, 28 de agosto de 2009

Vagamundeando



Hay determinados momentos en la vida en los que uno tiene que optar: se puede optar por callarse, y convertirse en cómplice, o se puede optar por hablar, por denunciar, por no renunciar a la capacidad de indignación. Lo que ocurre estos días en Gaza nos coloca en uno de esos momentos. Y aunque haya quien pueda considerar que seguir escribiendo, seguir hablando sobre ello sea reiterativo, no deja de ser una opción que va más allá del periodismo: tiene que ver con la dignidad como ser humano.
¿Quieres leer más?



No suelo entrar en los blogs fichados de mis enlaces. No. No es algo que haga con frecuencia.
Prefiero encontrar yo las bitácoras, y de ese modo evitar en la medida de lo posible el mejunje que es creado cuando los mismos comentamos siempre en las mismas páginas (valga la redundancia). Se pierde, desde mi punto de vista, perspectiva y sobre todo la ansiada diversidad de opinión.
A veces, no obstante, lo hago, y me llevo sorpresas positivas, como ha sido el caso al encontrar el blog de Fran Sevilla, periodista y corresponsal de RNE con residencia en la actualidad en Costa Rica.
Sus entradas me gustan; ofrecen información de primera mano, puede que sea parcial, incluso sesgada, ya que es subjetiva y personal, pero me llama la atención y mucho como se le atisba una enorme concienciación con aquello que narra, como lo empaca con corazón e intensidad, y además todo ésto viene aderezado con unas líneas labradas con calidad literaria, y cuando se está relatando una visión de la realidad cruda y dura (reitero desde un prisma personal) es doblemente de agradecer. Contar la crudeza desde la belleza.

Pues por eso, porque seguramente unos carecemos de los que a otros les sobra, mundo, capacidad de análisis, información en tiempo real, contacto con la realidad más inmediata, me gusta el estilo del Sr. Sevilla.

Y claro está, porque hay muchos mundos dentro de este mundo, y necesitamos visiones diversas, diferentes enfoques, y sobre todo, honestidad y trabajo bien hecho, para poder discernir y tener un criterio menos mediatizado y más diversificado... Vagamundo, un ser quijotesco de la nueva era.


En ocasiones, el Universo blogosférico puede sorprender ¿no os parece?



martes, 14 de abril de 2009

Cartas desde el Suelo


Mi mayor afición, decididamente es bailar.
No es que haya llegado a esa conclusión en éste momento. No. No es eso. Es que ayer iba por la calle escuchando música, y empecé a emocionarme. De nuevo, comenzó a entrarme ese gusanillo -ése que cuando estoy depre desaparece- por toda la fibra y entonces me visualizo en el escenario, pero no es que me vea allí subida y ya está. Tampoco es eso. Es que imagino luces, focos acoplados a mi propio ritmo, decoración, y por imaginar, imagino hasta el público.

Todo ésto viene a cuento, porque desde que era una niña siempre le decía a mi madre que me apuntara a clases de baile. Ella, me apuntó a la única academia que había en mi pueblo, de fandangos, seguidillas, sevillanas... pero a mi esos bailes nunca me gustaron. Cada cierto tiempo íbamos a otros pueblos o alguna ciudad a bailar en concursos, y, aunque nunca ganamos nada, nos aplaudían mucho, eso sí. Odiaba ponerme esas calcetas de múltiples colores, teníamos que sujetarlas con unas ligas horteras donde las hubiera, pero lo que peor llevaba era llevar moño. Me negaba. No era difícil reconocerme entre todas las niñas. Todas ellas iban conjuntadas, mismo traje, mandil, peinado, pendientes, complementos. Y a mi no me daba la gana de quitarme los pendientes de gitana, ni los arazos enormes para bailar fandangos, ni me daba la gana de recogerme el pelo en un moño ridículo y mucho menos ponerme una peineta. Así, que allí estaba yo, bailando seguidillas con mi floripondio rojo pasión debajo de la oreja, mis aretes turquesa, mi body negro ajustado, y MIS LEOTARDOS DE COLORES, MI LIGA HORTERA A MÁS NO PODER, y toda la jeta que podía echarle, o sea, dando espectáculo.

Tantas y tantas veces pienso donde quedó esa niña rebelde, que se pasaba el que dirán por el higo, y que se ponía el mundo por montera. Tantas y tantas veces...


Hace años estando en una clase que versaba sobre Iconografía Cristiana Medieval -cambiando de tercio que se dice- una chica, a la que le llevaría una década por lo menos, diole por dejarnos a todos con cara de bobos. Habíamos estado en el Monasterio-Igleisa de San Jerónimo y teníamos que hacer un trabajo de investigación sobre las esculturas profanas del altar mayor y de la bóveda.
Cuando el profesor nos invitaba a consultar manuales de esos cuyos autores tienen nombres que una necesita tres días para memorizar, ella con vocecilla de cuento de hadas y como quién parece que está hablando de la compra del mediodía, dijo:


-Profesor fulanito, yo me he leído todos los libros de Jurgis Baltrusaitis, "La Edad Media Fantástica", es mi libro de cabecera y tal y tal...
Al profesor creo que le dio un síncope de la emoción, ambos pasaron del resto de gentecilla inculta y tan contentos pusieronse a intercambiar opiniones sobre el bueno de Baltrusaitis. El resto de la clase, pues ya se sabe, unos a jugar a los barcos, otros a escribir poesías, otros a chismorrear.
Yo no. Escuché toda la sarta de palabros y citas con más cara de "aypordios que incultura la mía", que por verdadero interés.

Empecé a pensar. Y llegué a una conclusión.
Si para ser tan culta, refinada, estética y demás, tengo que ser tan snob, tan ñoña, tan poco comunicativa, tan sabihonda, tan enterada, y si mientras trato un tema tan interesante, en vez de agilizarlo para hacerme entender, lo que hago es el pino para llamar la atención del profesor, prefiero seguir con cara de boba.

Salía de clase, con la autoestima fatal. A mi, en aquella época no entender de un tema, y no poder inmiscuirme en la conversación, me parecía que era suficiente motivo para sentirme una mierda. Con no poco esfuerzo, he ido comprendiendo que no se trata de saber más ni menos, se trata de no compararse -sobre todo con aquellos que más conocimientos tienen- y en cualquier caso, seguir aprendiendo cada uno a su ritmo y sobre todo sobre todo, preguntar, ser humilde, y leer cuando se pueda y ampliar conocimientos por placer, no por competición.

Digo todo ésto, porque mi hermana me ha dicho que escriba sobre "La Tisca".
La Tisca, es una persona peculiar de mi pueblo. Tiene fama de estar un poco transtornada, siempre lleva sombreros que ella misma diseña y va a su bola. En verano, mi madre me contó, -partiéndose de la risa-, que yendo ella con el carro de la compra al mediodía y con unos 40 grados de temperatura a la sombra, se la encontró de sopetón.

La Tisca le dijo:

-Pero Meyes ¿donde vas con éste calorazo mujer y con lo mal que tienes las rodillas tirando del pedazo de carro de la compra? ¿No ves que te va a dar algo? Anda trae, trae el carro, yo te lo llevo a tu casa, y toma, ponte mi sombrero que te va a dar una insolación.
El sombrero era de paja y de ala ancha, por cierto ;)

Hace un par de años, su madre falleció. Ella va con asiduidad al cementerio a limpiar y poner flores en su nicho, pues bien, esta Semana Santa, me cuenta mi hermana que la Tisca se le acerca y le dice:

-¡Hay que ver que sensibilidad artística tenéis todas las hermanas!! ¿eh? (palabras textuales)

-¿Por qué lo dices? contesta mi hermana.

-Porque cada vez que voy al cementerio, siempre paso a leer lo último que le habéis escrito a vuestra madre, y hace tiempo que no leo nada.

A mi hermana, aguda ella, súbitamente le vino la idea del blog a la cabeza. Me dijo que le parecía cómo si tuviera que actualizar allí también.
Me ha dado por pensar. No le he escrito cartas a mi madre desde la tierra para que las lean otras personas. Fue durante meses una manera de soltar toda mi pena, y todas las cosas que nunca le dije, todo aquello que no tuve tiempo de expresarle mirándola a los ojos.
Pero también pensé que si alguna persona se siente identificada con lo que le escribo a mi madre, si consigo que encuentren paz y serenidad a través de mis letras, si buscan en su panteón una palabra de alivio y consuelo... que queréis que os diga:

¡Que le den al Baltrusaitis -ese sabio- y al baile... por el momento!

*Rectificación: A Baltrusaitis lo que hay que darle es las gracias

Próxima actualización, en el panteón de mi madre.
Porque la Tisca lo vale y punto.

lunes, 23 de marzo de 2009

Carrusel tocapelotas



Me gusta cuando callas porque estás como ausente...

-Si. A mi también me gusta cuando callas. Anda, lee para ti, y cállate un rato.

..... Hooooolaaa, Hooolaaaa. Aqui comienza Carruseeelll!!!

-¿Quieres hacer el favor de bajar el volumen de la radio?
No puedo concentrarme en la lectura, por dios, por dios.

-Vale, me pongo los cascos.

-Me gusta cuando callas porque estás como ausente,
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca...

-¡Pásala! ¡Pásala hombreee!
¿No ves que está sólo Robben en la banda derecha?
¡CÉNTRALA CÉNTRALA!

(..........)

¡GoOoOooooOooooOlll!
¡GOL!
¡GOOOLLL!!!

Tiiikiiiii/Taakaaa-TiiiiKiiii/TaaaKaaa

-Pero ¿por que te levantas del sofá y haces esos movimientos de caderas tan tan absurdos?
No te pegan nada, que lo sepas.


Ringringringring-y-ring


-¿Lo coges tú, Marga?

-¿¡Qué!¿??

-¡EL TELÉFONO!

-Ah, si.
¿Digi?
Si, viendo el fútbol.
¿Mañana?
No sé, ahora le pregunto.
¿Rafa?
Está leyendo poesía, como siempre.
Vale, le pregunto y te aviso después si acaso.

-¿Quién era?

-Luis y Ramón, que dicen que te pregunte si te apetece ir mañana a una exposición.

-¿Y qué le has contestado?

-Nada, que cuando acabe el fútbol lo pienso y te pregunto de paso.

¡Qué!

¿Por qué me miras con esa cara de "noentiendonada"?

-Por nada, hija, por nada.

"Puedo escribir los versos más tristes esta noche (...)"
¡Joder, que tia más rara!

martes, 20 de enero de 2009

Entre Niebla




En ocasiones me pregunto si realmente escribo para mi, si es una especie de terapia, si necesito que me lean, si a alguien puede interesarle lo que una persona cuenta desde un micro-espacio.


Esa curiosidad me ha hecho llegar hasta aqui.
Necesidad de comunicar y de comunicación o quizás de experimentar, no lo sé, es más, creo que casi nadie sabe nada, por eso intentamos acceder a otras formas de pensamiento y así poder discernir, y como una neblina despejar dudas.


La duda, siempre corroe, pero la duda es vital, es saberse en la vorágine que representa sentirse uno más.
¿Y no es increible sentirse alguien, sentirse parte de algo, notar que perteneces a algún sitio?


Cuando era una niña siempre me hacía la misma pregunta:
¿Por qué?
Ya de mayor, pensé, bah, es mejor no plantearse ni cuestionarse nada de ese modo todo parece más sencillo, es como si el camino fuese más liviano, y la mochila más ligera.


Sigo sin saber querer saber que quiero.