
Todas aquellas páginas que escribí en todos las estaciones de cada álbum de reserva, en todas las siglas que me llevaron hasta tu orilla, se cubrieron de un halo de escarcha de aurora. Y descendí.
Todas aquellas páginas que escribí, retornaron como esferas que el manantial tragó, una tarde sin avisar.
Adivinar lo que esconde mi charco, es tu propuesta, y ya no sirve. No. No llegué hasta aquí por vos, ni tan siquiera por la lluvia que tiene manos tan pequeñas y quiere mojar y no moja.
Llegué hasta aquí en un remolino de páginas no escritas, y es difícil concebir que no eres cuando estás, que no llueve cuando sumerjo mi llave en el punto cardinal donde recuperar tu firma, donde hallar esa lluvia... pero ya, ni siquiera ella tiene manos tan pequeñas cuando un pergamino sin rostro, no descifra tu nombre.







